FALLECIÓ EL 20 DE JULIO DE 1903
LUMEN IN COELO
En el cielo de
la Iglesia Católica acaba de extinguirse
un astro cuya luz fulgurante iluminó al mundo durante 25 años y que al
terminar su carrera para perderse en el sepulcro de la eternidad, sus últimos
destellos fueron tales que atrajeron con las miradas los corazones de todo el
orbe.
La luz
en el cielo se ha apagado : León XIII ya no existe; sus hijos, 300.000.000
de católicos, le lloran; todos los intelectuales, aún los que militan en las
opuestas filas, lamentan su desaparición:
y si de muchos pechos salen plegarias por el alma del Pontífice; de
todos salen palabras de elogio, de admiración, de respeto para la gran
figura que ha llenado el último cuarto del
siglo pasado y los primeros años del presente. León XIII pagando el tributo de
la ley universal ha desaparecido del escenario del mundo: y la triste nueva con
la celeridad del relámpago ha pasado los mares, ha traspuesto las montañas, ha
llegado a los más apartados rincones del mundo. En las grandes capitales, como
en las vírgenes florestas cuyos dormidos ecos despiertan a la voz del misionero
enviado por el Papa a esparcir la semilla del Evangelio, por doquiera ha pasado
ha dejado un surco de dolor, un tinte de tristeza. ¡La humanidad ha sufrido una
gran pérdida! ¡La humanidad está de duelo!
Elección de León XIII- El
7 de febrero de 1878 moría en el Vaticano Pío
IX; y doce días después, el 19 del mismo mes, rendido el triste y
religioso tributo a su piadosa memoria, 61 cardenales reunidos en Cónclave
dentro de los muros del mencionado palacio apostólico desde el día anterior, se
congregaban en la Capilla Sixtina e invocadas las luces de lo alto con la misa
del Espíritu Santo y el “Veni Creator”,
para dar un nuevo Jefe a la Iglesia de Cristo, un nuevo Pastor a la grey
católica, procedían a la elección.
El 20 de febrero el Cardenal Joaquín Pecci, aceptó la
pesada carga del Pontificado, y tomó el nombre de León XIII.
| Su Santidad Papa León XIII |
Puntos tratados (entre otros muchos) en su largo reinado. La Cuestión
Romana. Su política exterior
León
XIII y las ciencias. La
vasta mente del Pontífice no podía concretarse a solos manejos políticos para
hacer sentir la influencia del Pontificado de la Iglesia en el mundo:
recordó que el papado se ha impuesto al
recuerdo y a la gratitud de los pueblos por haber fomentado las ciencias y dado
impulsos a la instrucción y siguiendo el ejemplo de sus predecesores demostró
con hechos luminosísimos durante su largo pontificado, que es una calumnia, y
vil calumnia la de aquellos que afirman que la Iglesia es enemiga de la ciencia y
amante del oscurantismo; después de probar en sus encíclicas que “la verdadera
ciencia nunca puede estar en oposición real con las verdades reveladas; que
cualquier cosa que está en oposición con estas verdades es por lo mismo
falsa; puesto que el Dios al que adora la
Iglesia es el mismo Dios de la ciencia; distando tanto por esta razón el Divino
Magisterio de la Iglesia de impedir las
indagaciones de la ciencia, el progreso y el aumento de la cultura, que al
contrario, le facilita abundancia de luz y la certeza de la propia protección”
(Libertas humana).(…)
León XIII y los estudios del
clero. Pero no basta:
él quiere que este amor a las ciencias pase a la historia no como una afición
personal, sino como un número del programa de su gobierno en la Iglesia. Y si,
dirigiéndose a todos los católicos les dice: no puede estimarse completa aquella cultura que no se preocupe
de las ciencias modernas; y “Es cosa evidente que en el actual concurso de
talentos y en la difundida, y, en sí misma, noble y laudable pasión del saber,
los católicos no deberían ser secuaces sino iniciadores siendo necesario por consiguiente que ellos cultiven
toda especialidad de doctrina, y con diligencia eduquen sus inteligencias para
el descubrimiento de la verdad y para la investigación, en cuanto posible, del
entero dominio de la naturaleza. Dirigiéndose a los Obispos les dice hablando
del Clero “ Grandes son las razones y comunes a toda edad, que exigen, muchos y notables ornamentos de virtud en los sacerdotes. Pero más todavía y mayores,
ardientemente los exige esta nuestra edad. De hecho, la defensa de la Fe
Católica por la que los sacerdotes deben
trabajar con singular diligencia, defensa que en estos tiempos es tanto más necesaria,
requiere una doctrina no vulgar o mediocre, pero sí, una instrucción variada y exquisita
que pueda abarcar no solamente los estudios sagrados sino también los
filosóficos, y esté habilitada para tratar de asuntos históricos y físicos”.
León
XIII y la Cuestión Social. Cuando la
revolución se vio envuelta en sus propias redes, cuando la sociedad que había
renegado de Dios y de su Cristo, se vio amenazada por un elemento nuevo, por
esas falanges de trabajadores que salían de sus talleres exigiendo con la violencia a esa sociedad que les había arrebatado la
esperanza del cielo, la participación a las felicidades y goces de la tierra;
¿a dónde dirigió, aterrada su mirada? Al Vaticano, a ese faro inconmovible en
medio de las tempestades del mundo, que con una luz venida de lo alto muestra a
los pueblos y naciones el puerto más seguro donde hallar la paz, donde hallar
la tranquilidad; fuentes de progreso, fuentes de adelantos en el orden material
y moral.
(…) Como en el orden político-religioso con la encíclica Immortali Dei, León XIII ha promulgado
el código de la reconciliación, así también, en el orden económico ha
promulgado con la Reum Novarum la constitución de la armonía social. De las serias, pero tiernas palabras del
Pontífice trasciende el celestial perfume
del Divino Maestro, las preciosas lecciones de los Padres de la Iglesia
y las ponderadas y sanamente democráticas enseñanzas de la Edad Media. Por
primera vez la ciencia económica tuvo compasión del obrero, y discutió sin
rencor o recriminaciones las cuestiones nuevas. Al mismo tiempo que muestra
respeto por los derechos de todos, de tal suerte insiste en los deberes de
todos, que hará de la Encíclica “Rerum
Novarum”(15.5.1891) no solamente el monumento más glorioso del glorioso pontificado,
sino también la contribución más benéfica al presente estado de cosas. León XIII fue el primer Doctor que haya
puesto el perfume del Evangelio en el vaso de la ciencia económica. (negrita es mía) (…)
Con las dos encíclicas de 1891 y de 1901 León XIII ha
reconstruido el ideal del organismo social, tornando a colocar la economía del
trabajo y del capital sobre las firmes y honestas bases de la moral cristiana:
con ellas ha dictado como el estatuto,
la carta magna de la democracia cristiana, y mereció pasar a la historia
con el hermoso y simpático nombre de Papa de los obreros.
(…) Se dice que él y el Emperador de Alemania son los que
han marchado con las mismas vistas para encauzar el socialismo desbordante,
necesidad y consecuencia de los tiempos; pero mientras el Emperador casi no ha
podido nada contra él, León XIII obtuvo la fundación disciplinada y numerosa de
las sociedades obreras católicas, que se han formado en el mundo y que
representan un dique no despreciable contra el socialismo anárquico y ateo.
![]() |
| ENCÍCLICA RERUM NOVARUM - 15.5.1891 |
Las
sectas y el celo de León XIII. En la asamblea
general de la masonería reunida en París en 1879, fue aprobada esta diabólica
proposición, que fue arrojada como guante de desafío al rostro de su nueva
víctima presa en el Vaticano. “Nuestros esfuerzos deben dirigirse a
descristianizar por todos los medios a las poblaciones, pero particularmente a
estrangular el catolicismo”.
León XIII recogió
el guante y no contento con presentar al mundo, en su horrible desnudez a la secta infame enemiga
de la religión y de la sociedad, arrancándole la máscara en diversas Encíclicas
especialmente en la “Humanum gens” y
en “la Carta al pueblo iItaliano”;
puso todo su celo, todo su empeño, todo su talento en hacer fracasar el
diabólico programa de la secta: trató de cristianizar a las poblaciones, de que el catolicismo en vez de ser estrangulado
por ella, estrangulara a la secta impía. ¿Lo consiguió? No completamente,
porque desgraciadamente no todos los que deberían comprender las miras del
papa, las han comprendido; porque desgraciadamente hay muchos, hay demasiado
secuaces de Pilatos, en las filas de los que se llaman y proclaman hijos de la Iglesia. Pero su
acción no será estéril, recogerá sus frutos el sucesor de León XIII. (así fue) (…)
Pero de cualquier
manera que sea, León XIII sino en todo, en gran parte triunfó en el duelo
sostenido con la secta, desde que debido a su vigilancia ella no ha logrado su intento:
no ha descristianizado las poblaciones, no ha estrangulado al catolicismo.
León XIII ha defendido la santidad de la familia reglamentando
el matrimonio cristiano; él ha indicado a los pueblos que la sociedad puede
armonizar con la religión; él ha fomentado la enseñanza cristiana en las
escuelas para salvar a la niñez y a la juventud; él ha trazado la norma de vida
a los cristianos; él ha aprovechado de las reivindicaciones obreras como de un
medio para asociar la Iglesia a las aspiraciones del siglo, sin romper con las
doctrinas tradicionales.
Otros dos medios
de que se valió León XIII para promover entre los fieles la práctica de la
virtud y de la vida cristiana fueron, la Tercera Orden Franciscana, (Encíclica Auspicato (17.9.1882.); y la Devoción del Santo Rosario (Supremi
Apostolatus,1883): estos dos medios por él tan ardientemente recomendados,
forman otra particularidad de su maravilloso pontificado.
“A nuestro
juicio, el elogio más hermoso que puede hacerse del Papa León XIII, es el
evangélico del siervo prudente y fiel que Dios pone al frente de su familia y
al que, en recompensa, lo invita a entrar en los goces eternos.
En el ejercicio
de su ministerio supremo fue él tan fiel a Dios y a la Iglesia que no vivió más
que para ellos: y la mira constante de Dios y de la Iglesia, formó la regla de
todos sus actos, y de toda aquella su política, como la llamaba el mundo
mundano. De ahí su rectitud enteramente
sobrenatural en los fines que se proponía conseguir, y que era la luz y guía de
su perspicaz prudencia, en la elección de los medios.(de Civilta Cattolica)
LEÓN XIII y AMÉRICA. Se
destacan. Su afán constante con que ha procurado mantener sólidas y
pacíficas relaciones con el nuevo mundo; la diligencia con que renovó las facultades extraordinarias de los
Obispos Americanos; el interés que
demostró por la formación de un clero, propio de esas regiones que respondiera
a las exigencias de los tiempos modernos; la prontitud con que atajó los peligros
del americanismo; los saludables Concilios promovidos en la gran República del
Norte y del providencial Concilio Americano, congregado bajo sus auspicios.
Su vigilante solicitud con que hablaba y escribía para que la paz americana fuera más
fecunda de prosperidad para estas nuevas naciones. Chile y Argentina le
brindaron con su litigio de fronteras la
ocasión de hacer vibrar los acentos de su voz pacificadora. En 1895 debía recibir
el Palio Arzobispal el inolvidable Monseñor
Uladislao Castellano (de Córdoba-Argentina). En esta oportunidad la insinuación del Vaticano llegó
hasta Mons. Casanova (Arzobispo de Chile), y este venerable prelado escalaba los
montes ya emblanquecidos por la nieve, para llegar a Buenos Aires y colmar los
deseos de León XIII. Fue el 10.11.1895.
Se conocen las asperezas que aquel acontecimiento allanó entre los dos países.
Palabras del gran Pontífice Leo P.P. XIII.
Venerable Hermano, salud y bendición
apostólica. Mucho Nos hemos alegrado de saber las públicas manifestaciones de
regocijo con que el pueblo Argentino y en especial la ciudad de Buenos Aires
han recibido a nuestro Venerable Hermano
el Arzobispo de Chile, porque iba a imponerle el Sagrado Palio: Porque ella a
más de recomendar los sentimientos religiosos de los argentinos, era
manifestación del deseo que abrigan de conservar la amistad con el pueblo
chileno. Nos, a la verdad, que siguiendo los ejemplos de Cristo, nada deseamos
más ardientemente que la paz de los pueblos, el primero y principal entre los
bienes de este mundo y a cuya sombra
florece la misma religión y la
civilización misma y no poco nos inquietamos y afligimos a la vista del
peligro de guerra que a ambas naciones
amenaza. Tenemos entendido, sin embargo venerable Hermano, que aprovechando la
ocasión que te ofrecía has puesto empeño en aconsejar y persuadir se conservara
la tranquilidad y se depusieran las armas. A que no ceses en esta labor tan
propia de tu carácter episcopal encarecidamente te exhortamos, no dudando que
tus consejos y diligencia han de ser muy gratos a los que sabiamente
administran la cosa pública y procuran la común utilidad de los ciudadanos.
Séate propicio Cristo Jesús que habiendo
de volver al seno del Padre, dejó la paz a los hombres. Nos, en testimonio de
nuestra benevolencia paternal, a ti y a todo el pueblo Argentino otorgamos con
todo afecto de nuestra alama la bendición apostólica.
Dado en Roma, en San Pedro el 22 de febrero
el año 1896, de nuestro pontificado, el 19.
León P.P. XIII.
Encíclica Tametsi Futura. Preparando el terreno para el nuevo siglo que comienza,
publica este encíclica que es un himno sublime a Cristo Redentor en acción de
gracias por los beneficios que tan copiosamente derramó sobre los hombres. Solemnes
funciones religiosas se celebraron en casi todas las iglesias: por concesión
pontificia cantóse en la media noche, que dividía a los dos siglos, la misa
solemne con exposición del Smo. Sacramento-
(de aquí surge el Cristo Redentor de los Andes; los
Cristos Redentores en el cerro San Bernardo de Salta y otros más; como en los
frentes de las iglesias, el de la Catedral de Córdoba (1901).
Bibliografía: Revista Eclesiástica del Arzobispado de
Bs.As.; de Civiltá Cattolica;
Su MUERTE: después de diez y seís días de enfermedad, el lunes 20 de julio de 1903, a las 4 p.m. Su Santidad León XIII, con brevísima agonía, entregaba su espíritu al Creador. contaba 93 años de edad, había ocupado la Cátedra de San Pedro veinticinco años y cinco meses.
| La Nación B.A. -21 julio 1903 |
| La Nación- 21.7.1903- Su familia |
Anécdotas.
La última
enfermedad. En la mañana del 8 de julio de 1903, cuando se difundió en
Roma, que la salud del Papa, que la tarde anterior había parecido precipitarse
por lo cual le habían administrado el Viático, había mejorado.
Pero aún en aquella tarde, en la cual creían perderlo de
un minuto al otro, su inteligencia era viva y atentísima. Mientras Monseñor
Maggiordomo le leía, según el rito, la profesión de fe, en un trozo, embargado
por la emoción, se vio al Papa dar vuelta el rostro como diciendo: “Pero qué
profesión me hacéis hacer?” Lo que había
pasado es que cuando Mons. Riggi entregó el libro de las profesiones al
Mayordomo, había saltado una hoja, y el Mayordomo había leído la profesión de los laureados en teología.
Como las fórmulas son casi iguales no había manera de darse cuenta, hasta que
se llega a las palabras con la cuales el
profesante declara obediencia al Sumo Pontífice. El enfermo que parecía seguir
apenas la ceremonia, fue el primero en
darse cuenta de lo extraño de jurar obediencia a sí mismo.
Necesidad de administrarle el
Viático. Precisamente en aquél día en el que la enfermedad,
seguida de un malestar general comenzado en marzo, había sido reconocida y
declarada grave, el Papa había manifestado que se sentía bien.
Enseguida cuando en la tarde concurrió el Sacro Colegio,
el Cuerpo Diplomático y una multitud de gente, se creyó necesario administrarle el Viático, allí surgió la dificultad de prepararlo al
gran acto sin impresionarlo demasiado. Al que trataba disimuladamente de
inducirlo a aceptar, el Papa tenía una respuesta rápida, que estaba curado y
que al día siguiente retornaría a la vida ordinaria. Entonces Mons. Marzolini,
su secretario, cuando León XIII estuvo en Perugia y su Capellán Secreto en
Roma, tuvo una idea. Dijo al Papa, que habiéndose desparramado la noticia de
que guardaba cama, medio Roma había venido al Vaticano; que no se movía de
allí; que quería atestiguar solemnemente su fe en el Señor, de su sujeción al
Papado y a Ël; que si el Santísimo lo pudiera acompañar, aunque no fuera
urgente, todos estos sentimientos tendrían una satisfacción conmovedora y la
cuestión tornaría a la mayor gloria de Dios.
El Papa pensó un momento, y después sin turbarse dijo:
“Si es así, se haga”.
La fulminante muerte del
Secretario del futuro Cónclave, Mons. Volpini. Los Altos
Prelados del Vaticano se agruparon durante estos días, en la semioscuridad de
una antesala del Vaticano, silenciosos, conteniendo el aliento, y con el oído
puesto en lo que estaba pasando en la habitación inmediata, en la que el Papa
había comenzado a morir.
Llega Monseñor
Voltini, hombre de edad, que estaba destinado a ser Secretario del futuro
Cónclave. Saludado por todos Voltini manifiesta que está muy bien de salud.
Mientras hablan cambiando noticias,
Mons. Voltini se detiene de pronto y pregunta dónde está el Dr. Lapponi, Le
responden que está al lado del Papa. Al rato pide que llamen a cualquier médico
porque no se siente bien. Lo sientan y llaman enseguida al doctor, Se piensa en un malestar
pasajero porque si su voz se había debilitado, no ha perdido el color. Llega el
Dr. Lapponi, le toma el pulso y le pregunta si tiene naúseas. El enfermo hace
señal de que no; se le descompone el rostro y cae casi desmayado. Lapponi gritó:
”Un sillón y 4 hombre, llevarlo ya a su apartamento; enseguida hielo” Ayudan a
sentar aquel cuerpo casi muerto. En aquél momento un golpe furioso de viento
entró por las ventanas abiertas, levantando las cortinas hasta el techo,
pareciendo la ráfaga, dirigirse hacia la puerta por
donde el triste cortejo había llevado a Mons. Voltini diez minutos antes.
Al día siguiente Lapponi contó que el Papa al despertarse
le había preguntado ”Ha ocurrido algo grave esta noche en el Vaticano? Le respondió “¿Qué quiere Su Santidad que haya
ocurrido? “ El Papa calla un momento, y
agrega: “Ha vuelto de afuera Monseñor Voltini?”- “Si Santidad, ha regresado” No
preguntó nada más. Monseñor Voltini había expirado al alba.
Y a León, para no
perturbarlo, nunca se le participó esta muerte. Queda Vacante la Silla. El
Sacro Colegio debe proceder al nombramiento del nuevo Secretario Consistorial,
o sea del Cónclave, y lo hace en la persona de
Monseñor Rafael Merry del Val.
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Bibliografía: “Pío IX – Leone XIII - Pío X - Benedetto XV Ricordi Personali” de Filippo
Crispolti
(Filippo Crispolti era
sobrino de Cesare Crispolti, éste fue Guardia noble del Papa y director propietario de la Revista l'Osservatore Romano) Italia
Civilta Cattolica - Italia
Revista Eclesiástica del Arzobispado de Buenos Aires- 1903
Para que ël Reine, de Juan Ousset- Francia
. Sobre el testimonio del laico: precisó León XIII:
“Ceder el puesto al enemigo, o callar cuando de
todas partes se levantan incesantes clamores para oprimir a la verdad, propio
es o de hombres cobardes, o de quien duda estar en posesión de las verdades que
profesa…Bien, poca cosa se necesitaría, a menudo, para reducir a la nada las
acusaciones injustas y refutar las opiniones erradas; y si quisiéramos imponernos
un trabajo más serio, estaríamos siempre ciertos de vencerlas.
Lo
primero que ese deber nos impone, es profesar abierta y constantemente la
doctrina católica y propagarla, cada uno según sus fuerzas.” León XIII -(de
“Para que Él Reine” de Jean Ousset)
| Túmulo Funerario León XIII -Metropolitana B.A. |



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